Durante estos días, he aprovechado cualquier hueco para acercarme a visitar los monumentos, deleitándome con sus colores, recorriendo su perímetro una y otra vez, embelesado con tamañas obras de arte. Pero, sobre todo, quería conocer a sus ninots. Dejar que me contasen sus historias, que me transmitiesen su efímero mensaje.
Hoy me he acercado a visitarles por última vez. He sido consciente de la tristeza en sus miradas, conocedores del trágico destino que les aguarda en la Nit de la Cremà.
Sé que esta noche, cuando la Monumental Palmera ilumine el cielo de Alicante con su fulgor plata, y el fuego comience a devorarlos, una lágrima resbalará por mi mejilla. Hasta siempre, ninots! Nos volveremos a encontrar el año que viene…










